¿Merece la pena visitar el estadio de River Plate?
No hay nada en Buenos Aires que te prepare para lo grande que es. Atravesas el túnel de los jugadores, el ruido del público resuena por los altavoces y, al salir al aire libre, de repente te ves rodeado por 83 000 asientos vacíos en todas las direcciones. Me lleva un momento asimilarlo.
El estadio de River Plate no se construyó solo para el fútbol. Se construyó para plasmar la identidad de un club y, por extensión, la de una ciudad. Desde hace más de un siglo, el Club Atlético River Plate forma parte del tejido cultural argentino, y el Estadio Monumental es el lugar donde vive esa historia: en sus salas de trofeos, en su «Túnel del Tiempo» dedicado a los jugadores legendarios y en las gradas, donde generaciones de aficionados se han dado cita codo con codo.
Lo que realmente te llena emocionalmente es esa sensación de cercanía. El pasillo de los vestuarios, la vista desde el borde del campo, el palco presidencial: son espacios a los que la mayoría de los visitantes nunca tendrían acceso de otra manera, y los guías que te acompañan por ellos transmiten un orgullo genuino que hace que las historias cobren un sentido diferente.
{skip} si la cultura del fútbol no te interesa y no te gustan los espacios cerrados de los museos. La experiencia gira en torno al legado del River Plate, y los visitantes que no tengan ningún vínculo con esa historia encontrarán menos motivos para interesarse que aquellos que vengan con un mínimo de curiosidad.